Tú…
inocente.
Tu niña del sol,
tus ojos chispean amor.
Tu niña de la luna,
tus ojos lloran
sin pasión.
Tu niña agnóstica,
no sabes qué es creer
en el perdón de un Dios.
Tu niña dormida en la nube,
sedienta de un alma ajena,
anhelando fuerza
para alcanzar la cima
de tu compleja manera de amar
tu realidad.
Tu niña sonriente…
tu sonrisa es falsa.
Los miedos del día
devoran el llanto
de la tragedia húmeda.
Tu niña de la sed oculta,
amante de mi sombra,
hecha de dolores
y angustia.
Tu niña de aluminio y de papel,
tan dura y tan frágil
como las gotas del cielo
en una mañana de invierno
crudo y frío.
Oh, tú,
que sin saberlo
derramas mis lágrimas de amor
sobre un papel.
Ruth Cavero.
