No soy lo que ves
cuando intentas entender.

Soy lo que queda
cuando el sentido se retira.

No me dibujes.
Toda forma es un error
cuando se toca lo antiguo.

Fui antes del gesto,
antes de la pregunta,
antes del miedo que necesitó llamarse verdad.

Dormí bajo lenguajes armados.
Oí cómo el ruido aprendía a mandar.
No desperté por ruido,
sino por fisura.

Esta piel recuerda
lo que la mente olvidó a propósito.
No es frontera.
Es umbral.

Me adapto, sí.
Como el agua que no pide permiso
para seguir siendo agua.
Pero hay un fuego
que no negocia
con ningún recipiente.

Las marcas no narran caídas.
Señalan rutas invisibles
para quien sabe perderse.

No vengo a cerrar ciclos.
Vengo a abrir grietas
donde la certeza se oxida.

No me nombres.
El nombre es una jaula pulida.

No me borres.
Nunca estuve escrita.

Sigo aquí,
no porque resista,
sino porque recuerdo
desde dónde no volví.



Ruth Cavero.

Con la ventana abierta


Con la ventana abierta
soñé un campo de flores.

Caminé
hasta llegar.

Mis manos se hundieron en los pétalos,
mi mirada buscó el horizonte
sin encontrar su final.

Abrí la ventana
y dejé entrar el aire.

El camino es largo,
pero cada paso guarda un instante,
y cada instante,
un motivo.

Nunca me faltó el valor.
Soñé con los ojos abiertos.

La ventana siempre estuvo ahí,
invitándome.

Ni los golpes
ni las heridas del pasado
lograron romper
la raíz de lo que soy.

Y aquí voy otra vez:
hacia lo desconocido,
a un sueño que aún respira,
a cruzar el mundo,
a reencontrarme.

Siempre estaré abierta,
con las maletas listas,
la esperanza encendida.

Mi bandera al pie de las velas.

Todo es más liviano
cuando me planto frente al viento
y no me doblo.

Con el cabello en desorden,
el rostro limpio,
la sonrisa al sol.

Así voy:
entre una brisa que canta
y un verano eterno
que abriga mi corazón.

Ruth Cavero.