Quisiera llamarte…
pero prefiero el peso de este impulso.
No para demostrar que puedo sola:
me reconozco en tus ganas.
El orgullo no va contigo,
cariño mío…
cuando sientes tanto
y dices tan poco.
Sé lo que pasa
en ese corazón tuyo, lo sé…
incluso
cuando todo es silencio.
No estoy llorando,
no estoy lamentando nada.
Vivimos poco,
pero nos dimos tanto…
¿Quién podría robarnos eso,
si no somos nosotros mismos?
Cuando la noche llega
y el sol aún insiste,
vuelven los recuerdos…
empapados de un calor
que todavía me habita.
¿De qué sirve estudiar el deseo,
si la química dicta su propia ley?
A ti te gustan
las cosas que pocos entienden…
y sabes
que a mí también.
Ruth Cavero.

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