Esta mañana encontré un bombón
envuelto en un papel tornasol,
con un moño rosa que decía:
“para ti, con mucho amor…”
Lo tomé entre mis manos
sin saber del todo por qué,
pero algo en su forma y su brillo
parecía llamarme desde adentro.
Un murmullo extraño me atravesó,
como un susurro dulce y desconocido,
y sin darme cuenta
empecé a cantar…
hacía tanto que no sonreía así.
Mi cuerpo se dejó llevar lentamente,
dibujando un ritmo suave,
como si ese instante
despertara algo dormido en mí.
Y entonces… lo probé.
¡Qué intensidad en el sabor!
Dulce, profundo, casi vivo…
como si en su interior
habitara un secreto latiendo.
Mi boca se entregaba
a esa sensación desconocida,
avanzando sin prisa,
descubriendo capa por capa.
Hasta que en el centro
encontré lo inesperado:
no era chocolate…
eras tú.
Tu boca, roja y tibia,
susurrando apenas:
“bésame…”
Y mis labios, sin miedo ya,
cobraron vida en los tuyos.
Nunca un beso me había llevado tan lejos…
tan alto…
de la tierra al cielo
en un solo latido.
Y cuando abrí los ojos,
entre nubes suspendidas,
ahí estabas…
mirándome.
Ruth Cavero.
