SI LAS GOTAS DE LLUVIA NO MOJARAN...


Si aun cayeran mis lágrimas con cada hoja
de aquel antiguo árbol… se secaría el cielo
y no habría más lluvia para crear esperanza.

Si aquel sol no alumbrara en mis mañanas,
mi alma vagaría moribunda….
Por las calles del olvido.

Si aquel otoño aun durara en mi corazón,
no entraría más que la tuerca oxidada del ayer
y cada pesadilla sería una tortura.

Si aquel mar azul no lavara mis heridas cada día,
mi cielo no tendría sol…
ni mis noches luna.

Si cada sueño de mi corazón no viviera,
me hundiría con mis lágrimas
y caería al pozo de la tristeza.

Si mi fe y mi voluntad no avanzaran,
mis temores amedrentarían gobernando mi mente
siendo presa fácil del miedo que sería mi ruina.

Si aquella mañana al mirar el llover de sus cielos
no me hubiera enternecido,
olvidaría que aún puedo ser parte de aquel cielo.

Si su noble corazón nunca hubiera latido para mí…
nunca entendería por qué se debe seguir sin mirar atrás,
y jamás sabría... que los sueños también se hacen realidad.


Ruth Cavero.

MELODIA ÍNTIMA




Tiene en sus labios
el sabor dulce
y el color vivo de una cereza.

En los muslos,
el aroma tibio del chocolate,
ese que se ofrece
sin prometer permanencia.

En sus ojos,
el azul del mar,
abierto y profundo,
libre incluso al tocar la orilla.

Y en cada partícula de su piel,
un comestible interminable,
no para saciar a otro,
sino para celebrarse.

Tiene en sus besos
el manjar más dulce,
el que se da
porque se desea,
no porque se deba.

En su mirada,
el fuego que arde
sin pedir eternidad.

En su cuerpo,
el calor exacto
para gritar de vehemencia,
para habitar el goce
sin perderse en él.

¿Y en las noches solitarias?

Queda la añoranza,
sí,
pero no la carencia.

El recuerdo del elixir,
bebido con conciencia.

Un anhelo
que perfuma el aire de pasión.
Un cáliz colmado
de miel y dulzor,
sostenido por sus propias manos.

La alianza no es posesión:
es saberse entera
mientras goza.

Un aliento compartido,
libre,
que no encierra
ni pertenece.

 

Ruth Cavero.

EL SUEÑO LARGO


Había dormido de largo...
sonreído al cansancio y a sus ojos pálidos,
avivado en ellos... la esperanza.

Había sentido el palpite de sus lagrimas,
de aquella helada en su vientre...
el alma pura de la luz

Había perdonado sus azotes,
su alma cruda, deseando su regreso...
había suplicado a Dios sus lagrimas de amor.

Había roto mi corazón...
para construir con él... ¡un cofre de dolor!
habíendo matado la esperanza aquí.

Sin pensar en un mañana... en nada, 
regresaría al fin…
aquella añoranza que llaman “felicidad”

ROMINA CAVERO.

SALADA GOTA


Cae una gota de lluvia sobre mi pecho.
Se cierran mis ojos.
Un péndulo cicatrizado se abre.

Regresa lo dormido al presente.
Los cielos llueven otra vez.

La tierra se vuelve fértil con la lluvia.
Las semillas brotan con un nuevo color.
Miran hacia aquel hormiguero ausente,
y la hormiga olvidada
dice gobernar.

Todos me miran
mientras cierro los ojos,
abro el pecho
y dejo caer desde ahí
mi corazón.

Ruth Cavero.

UN TRECHO ANTES DE LA LUZ


Si las líneas de mis manos hablaran
y cada centímetro de mi piel marcada
dijera lo que pasé para llegar aquí…
el dolor, las tristezas y las penas,
todas hundidas en un mar de llanto
sin nombre.

Padecí frío en mi propio corazón.
Me inundé de soledad y vacío.
Grandes heridas, cavadas por mí misma,
me dolían a morir,
como espinas que sangraban en silencio
cada noche,
junto a mis lágrimas.

Mientras la luna alumbraba mi ventana,
cerraba los ojos para no verla.
Me cubría de sábanas
para no dejar entrar la luz.
Así fue:
fui verdugo de mi propia alma,
la fui apagando
sin darme cuenta.

Una noche,
una mañana,
o una tarde —no lo recuerdo—,
algo nació desde mi piel.

La primera marca
que habló más alto que yo
me abrió los ojos
y me sacó de la oscuridad.

Sentí un susurro junto a mi oído:
“mira… mira…”

Volteé con asombro.
Era yo,
o lo que quedaba de mí.

La voz volvió y dijo:
“esto fuiste,
esto eres ahora.”

Mírate.

Sentí miedo.
Pero también respiré.

Entre tanta sombra
apareció un punto mínimo de claridad
que alumbró la cueva más profunda
que había visto en mi vida.

Era mía.
La había cavado día tras día.
Tan honda
que no alcanzaba a ver el fondo.

Y entonces entendí:
esa figura inmóvil
no era yo,
era lo que había permitido
que me consumiera.

Abrí las cortinas.
Dejé entrar el aire.
Lavé las heridas del corazón
y las dejé cerrar
con cuidado.

Sobreviví a la muerte que llevaba dentro.
Empecé a cubrir esa tumba.
Volví a leer el destino
escrito en mi piel.

Mi corazón latió.
Sentí otra vez.

Y en cada fibra profunda de mi ser
—alma y cuerpo—
supe
que aún estaba aquí.



Ruth Cavero.

AMOR... POEMA DE DOS



Quiero perderme contigo en la oscuridad de nuestras ideas
y en el mar de tus caricias encontrar el aliento,
luego…
ahogarme con tus suspiros,
fundirme en el sol y caer como luz cálida en tu cuerpo atleta.
desterradme después para robarte un beso…
y besar cada rincón de tus gritos bebiendo de tu sed de amor
llenándote de suspiros cuando la noche se aproxime
así iluminar tus días y noches con tu sed de ser mi orilla del mar
para bañar cada escondite de tu ser…
amarte nuevamente y a cada momento,
y yo…, te mezclare de sabores al abandonarme
en cada movimiento, en cada respiro,
gritando por los poros la pasión de amarte.
mientras…
saboreare el perfume de tu piel a cada instante
deseándote cada día más…,
luego caeremos como estrellas doradas a consagrar la magia
de esta eterna espera.
será el susurro que gritara por los dos,
es poema de dulce amor…
sensaciones que dicen y desvelan nuestras almas,
amando, gritando, saboreando versos al cantar…
es por eso…
que eres la estrella de luz que ilumina mi corazón…
y por eso, esa luz inundará tu alma,
y mis manos le danzaran a tus ojos esta melodiosa canción
de eterno sentimiento…,
entre los sabores ocultos de la lejanía y del pasado,
encontrémonos…
huyamos para darnos esa oportunidad de llegar a la luna,
cargarnos de su magia y recuperar los suspiros que abandonaron
y de las palabras que se perdieron en el olvido, rescatar solo aquellas
que nos harán felices…

M. M.  y  R.  C.

NO LLORES POR MI AMOR MÍO



— I —

"Tu mirada… oh… se me pierde, amor mío,
tan lejana al vidrio de mis deseos casi muertos.
Culpable es esta alma vieja
que no tarda en llevarme a la oscuridad que persigue.
Mi sueño se disipa desde el otro extremo,
sonriendo tras el llanto oculto
de perder si caigo en sueño profundo.
Déjame ir ya, amor mío,
caer como gota de lluvia llorando de amor por ti,
consolándote desde arriba con cada lágrima
que sale de este puro amor.
Déjame, amor… déjame…
antes que Dios empaque mi alma
y deje caer este viejo cuerpo frente a ti.
No llores, amor mío,
que guardo el llanto por ti en estos ojos que siempre te gustaron.
Pura esencia de una vida amando,
lluvia fresca… lo único ya de mí…
eterno elixir del sentimiento
que mantengo firme por amarme así."

— II —

Oh, el frío se siente fuerte en mis pies.
Parece que hoy no saldrá el sol, amor mío.
Si al final de la tarde me ves tiesa,
no creas que he muerto, amor mío.
No lo creas… te lo imploro.
Solo estoy vieja, colmada de algodones
en la blancura de mis canas.
Te ruego, amor mío… no pienses…
no estoy muerta, no lo estoy.
Solo es el tiempo que borra mis líneas arqueadas
y esta piel que cada día cae más.
Sí… sé que ya no doy grandes giros como ayer
y sé que hoy parezco más un vegetal.
Veo mis manos tan cansadas de tanto escribir sin poder hablar.
Siento que este será el fin.
Siento el sincero latir de mi corazón,
tan silencioso y lleno de paz.
En mis manos se ven las líneas cansadas de la lucha sin flaquear.
Hoy quisiera mantenerme de pie… lo deseo tanto.
Ojalá pudiera darle el último beso.
Siempre lo he amado como rey,
cada segundo se lo he recordado. Lo sabe bien.
Todos dicen lo difícil de regresar a estar de pie,
y que él cuente los minutos junto a mí.
Los escucho susurrar tras la puerta.
Ellos creen que no escucho ya…
pero yo sé. Se equivocan.
Aún puedo darle un verso de pie, cantando a mi amor.
Aún hay mucho aquí dentro.
Dios… si él me oyera le diría que mire dentro de mis ojos.
Ellos nunca le mintieron,
lo aman como ayer,
y si ahora lloran en silencio
es porque aún se desvelan por él.

— III —

Amor mío… no me dejes morir.
Te ruego, no permitas que me entierren
antes de cantar mi último verso para ti.
Después ofréceme un beso, un último, antes de partir.
Amor mío, no quiero morir… no quiero…
pero sé que agonizo,
y es fuerte este dolor de sentirte sufrir por mí.
Te veo junto a mi cama hablándome
y al cerrar la puerta escucho tu llanto gritándole a Dios,
furioso de mi mal.
Solo mis ojos hablan ahora, lo sé,
consolándote sin poder hacer más nada.
Quizá es mejor partir ya.
Te amo demasiado para verte llorar así,
por causa de esta lenta agonía,
por no dejarte si muriera hoy.
Pero basta. No llores más.
Aceptaré al destino porque te amo.

— IV —

Dejo un último verso junto a la almohada.
Lo escribí ayer, antes de esta dolorosa agonía.
Algo dentro de mí dijo que mi hora llegaría
y quise decir algo antes de aceptar este cuerpo morir.
"Esta carne pronto polvo será,
pero mi alma en tu corazón
vivirá, profunda, tan dentro,
cuando pienses en mí.
Escucha estas líneas, amor mío,
mi cuerpo ya se va.
Imagina lenta mi voz,
susurrante con el viento.
En cada gota que caiga del cielo te sentiré,
porque serán mis lágrimas
las que mojen tu piel.
Y cuando veas la luna,
recuerda que ahí tejía
mis versos
para ti."



RUTH CAVERO.